Volvemos a publicar esta antigua entrada de este blog:
¿Qué pasó el 18 de julio de 1936 en Los Molinos?
El 18 de julio de 1936 se reunió en sesión ordinaria
la Comisión Gestora Municipal de Los Molinos, que, desde el 12 de marzo de ese
año y tras la victoria del Frente Popular en las elecciones a Cortes de
febrero, tenía como Alcalde Presidente a Santiago Andrés Andrés, tras la
destitución por el Gobernador Civil del anterior Ayuntamiento de Los Molinos,
presidido por Benito de Lucas.
En el acta manuscrita de esa sesión, que no se llegó a mecanografiar por
razones imaginables, el Presidente y el resto de miembros de la Corporación,
Victoriano Domínguez Torrejón, Anastasio Aparicio Ortega, Gregorio Alonso
Martín y el Teniente de Alcalde Mariano López Piñuela, se dedicaron a revisar
asuntos de rutina como aprobar la factura de Emiliano Morales, que se acepta
con un voto en contra y algunas condiciones, ver la instancia de Jesús García,
conceder a la Sociedad Obrera una extensión de 18 x 7 metros, conceder un plazo
de tres meses a Dña Rosario Ramírez de Cartageno (supongo que para presentar
una documentación), dejar pendiente la instancia de Miguel Gorriz hasta ver el
terreno, aprobar la petición de Javier Laso de la Vega, por 25 pesetas, hablar
del cortafuegos del Pinar hecho por los ganaderos, etc. Pero con toda
seguridad, lo más importante y solemne fue el acuerdo para construir "cuatro
escuelas", dos de niños y dos de niñas, con la subvención del Estado,
en el sitio denominado Pradillo de la Sra. Marquesa de Salinas e hijas,
autorizando al aparejador para hacer los planos… La sesión terminó a las nueve
de la noche.
Esa misma tarde las milicias de Guadarrama y Villalba (sus ferroviarios
fundamentalmente), subieron al Alto del León por si llegaban tropas rebeldes.
Como todo estaba tranquilo bajaron a dormir a sus casas. El 22 de julio, sin
embargo, comenzaba la batalla del Alto del León, que fue la primera en campo
abierto de la guerra.
Leyendo el Acta (más bien un borrador escrito en un cuaderno de rayas, porque
nunca llegó a ser aprobada) todo lo que en ella se refleja es lo normal en un
pequeño pueblo serrano y en su Ayuntamiento, encabezado por primera vez en su
historia por trabajadores miembros de organizaciones de izquierda y centrado en
la toma de grandes y pequeñas decisiones. Me imagino que la de iniciar la
construcción de las escuelas debió ser un momento emotivo, que vendría siendo
comentado y debatido por los vecinos, pues era una necesidad y también una
consigna de la República: educación y cultura. Nada en el Acta deja siquiera
entrever lo que ese día, más bien desde el anterior, estaba pasando en nuestro país.
Parece que no se hubiera producido el alzamiento militar-fascista que iba a
cambiar la vida de todos al abrir camino a una guerra que duraría casi tres
años y a una dictadura que duraría casi cuarenta años y que en muchos aspectos
todavía hoy sigue limitando espacios democráticos en nuestro país.
Unos días antes, el 11 de julio, el Ayuntamiento había denegado al bar de
Zacarías el permiso para dar “funciones de varietés en la terraza que hay
delante de su establecimiento”, comunicado a Abrahan Jimeno, dueño de la
peluquería, que le habían puesto una denuncia por tenerla abierta en sábado
después de las 12 de la noche, a la vez que notificaba a Francisco Hernández
que se le había concedido, por unanimidad, autorización para abrir una puerta
en su casa de la Calle Comercio, 15, “siempre que cuente con la autorización
de la Jefatura de Obras Públicas”, se acordaba sacar a subasta la limpieza
de las caceras de Villa, Matalascabras, Matalaguna y Molino de la Cruz, se
aceptaba que varios comerciantes pudieran abrir los domingos de ocho a doce,
durante la temporada de veraneo, para venta de productos de primera necesidad,
se acuerda reparar varias fuentes públicas, solicitar al vecino Carlos Hurtado
de Amezaga la cesión gratuita del Cercón de la Calleja del Molino para poder
edificar unas nuevas escuelas, por ser insuficientes las existentes, y otros
asuntos, incluida la solicitud del propio Santiago Andrés Andrés de elevar su
casa y abrir un balcón a la Plaza de la República, para lo cual éste se retira
del salón de Plenos y asume la presidencia de la Comisión Gestora el primer
Teniente de Alcalde…. La obra solicitada por el Alcalde para su casa no se
haría, como tampoco las escuelas.
El mismo Ayuntamiento, en sesión del 27 de junio, presidida por Santiago Andrés
Andrés, acordó que la Sra. Marquesa de Zugasti abonara 50 pesetas por el
terreno municipal ocupado por una terraza construida y le comunicaba “que se
abstenga, en lo sucesivo de ejecutar ninguna clase de obras sin autorización
del Ayuntamiento”. Un trabajador, haciendo uso de la autoridad que le
confería la República, multaba y advertía a una marquesa. Algo antes nunca
visto en Los Molinos, donde la sumisión a los veraneantes poderosos era la
tónica, incluso entre los que se preciaban de ser caciques en su pueblo.
Anteriormente, Santiago Andrés Andrés, había remitido un escrito, de fecha 22
de junio, al Delegado de Hacienda de la Provincia de Madrid, en el que, entre
otras cosas, indicaba que “encontró la administración del Municipio (que
había estado en manos de la CEDA) en tal estado de abandono que consideró
indispensable se levantara un acta Notarial, como así se hizo por el Notario de
S. Lorenzo del Escorial D. Mariano Somalo y en la cual consta entre otros
extremos que no se rendían cuentas desde hace más de diez años, ni se llevaban
libros de contabilidad desde el año 1934 encontrándose posteriormente numerosas
irregularidades por las cuales se instruye sumario por el Juzgado de
Instrucción del Partido de S. Lorenzo. Por lo anteriormente expuesto podrá
deducir V.E. el lastimoso estado en que se encontraba este Municipio, no
existiendo Presupuesto ni siquiera proyecto formalizado para el presente año,
defectos que la Corporación actual con todo su esfuerzo está tratando de
subsanar, y por tanto se está confeccionando dicho Presupuesto y cree esta
Alcaldía podrá ser enviado a la Delegación en la primera quincena del mes
próximo.” Tampoco ese juicio tuvo lugar.
Todo tan lejano y tan cercano. Expedientes de obras, solicitudes de vecinos,
documentación que no aparece, ilegalidades, Presupuestos sin formalizar… La
rutina de un Ayuntamiento de entonces y de ahora.
Pero también estaban pasando cosas nuevas, incluso insólitas, en Los
Molinos.
Dos meses antes, concretamente el 8 de mayo de 1936, había quedado constituida
legalmente la Agrupación Socialista de Los Molinos, domiciliada en la Calle
Taberna, 11, y el 9 de mayo la Sociedad de Oficios Varios de Los Molinos pedía
al Alcalde (que no era ajeno al asunto, pues era un trabajador agrícola y había
sido elegido un año y medio antes Vicepresidente de la Sociedad de Trabajadores
de la Tierra de Los Molinos, de la UGT), que comunicara “a todos los
Patrones e industriales que residen en esta localidad, que si en el término de
ocho días no están afiliados los obreros que tengan, a este centro, y siguen
atropellando la legislación vigente, como varios de ellos lo vienen haciendo,
iremos a la Huelga General el día dieciocho del corriente mes. No dudando
solucione tan importante conflicto en el plazo arriba indicado…”.
El trabajador y sindicalista, ahora Alcalde, remitía inmediatamente un escrito
al Gobernador Civil comunicándole la convocatoria de la huelga para el 18 de
mayo y pidiéndole instrucciones sobre la “actitud que tengo que adoptar”.
El despertar de la conciencia de los trabajadores se había asentado en lo que
era visto por los visitantes como un lejano y pintoresco rincón de la Sierra de
Guadarrama.
Pero todo iba a cambiar bruscamente.
El 16 de agosto, sólo un mes después de la última Sesión de la Comisión Gestora
del Ayuntamiento que comento al inicio de este artículo, la población civil de
Los Molinos ya había sido evacuada para protegerla de los bombardeos del
ejército franquista que causaron varias muertes, entre ellas la de un chaval de
apellido Pérez, hermano de un vecino que aun vive, y la destrucción de
numerosas casas (31 aparecen relacionadas en documentos entre agosto de 1939 y
febrero de 1940, en los que los propietarios piden reducir su tributación
catastral, pero seguramente fueron más las casas destruídas o gravemente
dañadas). Los Molinos, como Guadarrama, eran municipios que quedaban enfilados
por la artillería de los sublevados, que disparaba desde el Alto del León, Cerro
Piñonero y Cerro de la Sevillana, a diferencia de otros pueblos como Cercedilla
o El Escorial de Sierra (como entonces pasó a llamarse San Lorenzo de El
Escorial), que quedaban más desenfilados, aunque ninguno lo estaba de los
bombardeos aéreos.
Por cierto, una vez finalizada la guerra, algunos de los propietarios de las
casas destruidas, probablemente para acogerse a los beneficios que les
proporcionaba el régimen o para manifestar con una mentira su adhesión
inquebrantable al mismo, declararon que sus casas habían sido destruidas por la
“barbarie roja” o durante el período de dominio de las "hordas
rojas", como se nombraba oficialmente al legítimo gobierno republicano, lo
que concordaba con la legislación de la dictadura, que acusaba al gobierno de
la República de haber provocado la guerra, que juzgaba a los militares leales
por rebelión y a los civiles por auxilio a la rebelión y concedía pensiones
sólo a la viudas y mutilados que hubieran peleado en el bando franquista. Sólo
los vencidos eran culpables del horror, aunque los militares hubieran dado un
golpe de estado, contra un resultado electoral, y aunque los proyectiles de
artillería y las bombas que cayeron en Los Molinos vinieron del lado "nacional".
Desde la evacuación de Los Molinos, prácticamente la única documentación que se
produce en nuestro pueblo es la de la 29 Brigada Mixta, 114 Batallón, que
asentó en nuestro término municipal una base logística, además de los
importantes centros de resistencia del Cerro de Matalafuente y del Cerro de la
Peña del Cuervo y una profusa red de fortificaciones y casas refugios que se
establecieron para las tropas del Ejército Popular de la República Española.
Un año después, en junio de 1937, en Los Molinos sólo vivían 17 civiles (13
hombres, dos mujeres y dos niños), que aparecen en la siguiente relación.
Aunque molineros refugiados con sus familias en Collado Mediano, Cercedilla,
Alpedrete, Navacerrada y Becerril, se acercaban por el pueblo a hacer algunas
labores del campo y algunos jóvenes, que no estaban en edad militar,
colaboraban en las tareas de suministro a las tropas leales.

Así, Santiago Andrés Andrés se convirtió en un Alcalde
sin vecinos y con un pueblo donde la autoridad era militar y estaba por encima
de la suya, por lo que dejó su cargo y, ya en agosto de 1936, se incorporó,
como zapador, a las milicias que combatían los intentos fascistas de avanzar
hacia Madrid a través del Alto del León. Desde entonces la vida de este
campesino, sindicalista y militante socialista se liga a la actividad militar,
luchando no sólo en nuestra Sierra, sino también, que sepamos, en la Batalla de
Brunete y en Alcañiz (Teruel)… Al final de la guerra sale de Tortosa con su
unidad hacia Francia, donde se reencontró con su hijo Teófilo Andrés, que había
sido herido. Luego, creyendo en las promesas de reconciliación de la dictadura,
regresó a Los Molinos...

Pero no fue sólo Santiago el que se sumó a la defensa
militar de la República. Centenares de miles de campesinos, obreros,
oficinistas, dependientes, pequeños propietarios, intelectuales, maestros,
artistas y artesanos, mujeres, jóvenes… siguieron ese camino, convencidos de
que sólo ellos podrían parar el golpe militar, impulsado por la banca, los
terratenientes, la gran industria, la iglesia católica, la Alemania nazi y la
Italia fascista.
Valga este recuerdo como homenaje a esos jóvenes que en Los Molinos,
Guadarrama, Cercedilla, Collado Mediano, Navacerrada, Becerril, Alpedrete,
Galapagar, Torrelodones, los Escoriales, Las Rozas, Valdemorillo, Villalba,
Hoyo de Manzanares, Cerceda, Alameda del Valle, Villanueva del Pardillo,
Villanueva de la Cañada, Bustarviejo... y en toda España, decidieron poner en
juego su vida por la causa de los trabajadores, por la libertad.
Hemos publicado, en entradas anteriores, las fichas de los molineros que sirvieron como milicianos y
miembros del Ejército Popular de la Republica Española. Fichas que, como
primicia, nos ha proporcionado nuestro compañero Santiago Grande Aguilera, que
lleva más de una década recopilando pacientemente, y superando obstáculos que
aun hoy existen, datos sobre la memoria de los luchadores antifascistas de
nuestra Sierra.
Vaya por ellos y por sus familiares.
Que los mantengan en el recuerdo y que se sientan orgullosos de ellos.
Adolfo Rodríguez Gil