Hoy ha vuelto a nevar en Los
Molinos. Cosas que tiene el vivir en la Sierra, en un pueblo con casas y
urbanizaciones entre los 1.040 y los casi 1.200 metros de altitud
En este blog, cada vez que nieva, se
genera un debate sobre si el Ayuntamiento actúa de una manera adecuada o no,
sobre si la brigada de obras ha empezado a trabajar tarde o temprano, sobre si se
ha echado mucha o poca sal...
Evidentemente cuando nieva la gente
que tiene que trasladarse en vehículo, o que tiene que llegar en coche, tenemos
problemas, pero podemos preguntarnos: ¿Es posible una movilidad normal cuando se da ese fenómeno
meteorológico? ¿Puede el Ayuntamiento garantizar esa movilidad al 100%? ¿Los
medios con que cuenta y las actuaciones que realiza, por ejemplo echar sal, son
las adecuadas? ¿Qué coste tendría garantizar esa movilidad?
Recientemente, una amiga me comentaba
que una conocida común que vive en Londres, cuando sabe que va a nevar o está
nevado, se tiene que levantar una hora antes para llegar a tiempo a su trabajo
y eso que se mueve en transporte público. Esa leyenda, que corre con profusión,
de que en otros países los fenómenos meteorológicos son sorteados con medios técnicos,
tendríamos que contársela a los vecinos y vecinas de los municipios (condados)
del sur de Londres que han pasado días aislados por el agua, o compararla con los
grandes problemas de movilidad en Alemania o Estados Unidos por las recientes
nevadas.
Además, hay que poner las cosas en su justo término. En
Los Molinos, nos encontramos con una situación complicada por la nieve, en el
peor de los años, una docena de veces, y en la mayoría (si el cambio climático
no me desmiente) en dos o tres ocasiones.
La primera pregunta que habría que
hacerse es si, teniendo en cuenta esa contingencia, el Ayuntamiento debería
contar con los medios suficientes, materiales y de personal, para garantizar
esos días la movilidad en vehículo privado.
Mi apreciación es que no. Que no
podemos permitirnos tener esos medios ni materiales ni humanos, por tres
razones de peso.
La primera, porque tenemos un pueblo
inmenso, que puede llegar a tener medio centenar de kilómetros de calles, por
lo que queda fuera de toda lógica pretender que se limpien en unas horas o que
se mantenga limpias cuando sigue nevando durante todo el día. Si cuando los
intereses de cuatro especuladores diseñaron un pueblo insostenible, disperso,
con urbanizaciones que llegan casi hasta los 1.200 metros de altitud… hubiera
prevalecido la lógica de la vida y la planificación, este problema se hubiera
reducido, pero con lo que hoy somos no hay posibilidad de tener ese servicio,
ni otros muchos. El juego piramidal de la especulación funciona cuando se sigue
construyendo, pero siempre hay un momento en que se tiene que parar y,
entonces, llegan las facturas... y ésta es una de ellas.
La segunda es que tener un dispositivo
semejante, por ejemplo en maquinaria, para garantizar esa movilidad del
vehículo privado, tendría un coste altísimo y una utilidad limitada a esos
pocos días de nieve. Vamos, que no sería rentable, utilizando los términos de
un negocio privado. Además, como la mayoría sabemos, el Ayuntamiento carece de
los recursos económicos para adquirir más maquinaria (alguna se ha adquirido,
como el nuevo salero) y las leyes del gobierno, en el caso de que hubiera
recursos, nos prohiben contratar más personal. Obviamente se podría mejorar la maquinaria
existente, pero más allá de un límite no sería razonable. Si el gobierno del PP
no hubiera dejado el Ayuntamiento, hace dos años y ocho meses, con más de 4
millones de Euros pendientes de pago, a lo mejor algo se podría hacer en este
terreno.
La tercera es que creo que hay que
empezarse a cuestionarse visiones de cómo debe ser nuestro pueblo y nuestra
vida, que no se corresponden en absoluto con el presente y con un futuro
sostenible. La ideología del crecimiento, impulsada por los especuladores y los
aprovechados, ha calado demasiado en la mentalidad de muchas personas. En los
últimos decenios mucha gente esperaba que siempre se creciera en número de
viviendas, habitantes, etc., y esperaba de ese crecimiento ventajas duraderas.
Muchos pensaban que ese crecimiento nos iba a garantizar una vida mejor. Parece
que se vivía esperando que con el tiempo hasta el más pequeño pueblo se
convirtiera en una ciudad ¿Es necesario decir que eso no sólo no es posible,
sino que no es deseable? Somos un pequeño pueblo y debemos seguir siéndolo,
para garantizar tanto una vida mejor, como un futuro para nuestro entorno, que
es lo que hace mejor esa vida ¿Esto tiene inconvenientes? Claro que los tiene,
pero también ventajas que creo que no hace falta enumerar.
En esta lógica, creo que tendríamos
que afrontar las nevadas con otra mentalidad y dejar de deliberar sobre si el
Ayuntamiento, o la Comunidad o el Estado, tienen la obligación de poner los
medios para que podamos evitar los inconvenientes de la nieve. En nuestro
pueblo, con una brigada de obras que se afana en su trabajo, pero con medios humanos
y técnicos reducidos, no podemos esperar que un día de nevada sea un día
normal.
Vamos, yo me conformaría si se pueden
despejar las calles por donde pasa el transporte público y aun así, en casos de
mucha nieve o de fuertes heladas, sé que eso no será posible. Me parece que cuando
nieve tendremos que recurrir a viejos consejos: evitar desplazamientos no
imprescindibles, reducir al máximo la utilización del vehículo privado y
utilizar el transporte público, especialmente en el tren de cercanías que casi
nunca se interrumpe.
También creo que nos tenemos que
replantear el uso de la sal en las calles. En la mayoría de los países del
centro y norte de Europa está prohibido su uso, fundamentalmente por razones
medioambientales, al terminar la sal, que tiene un poder destructivo por todos
conocido, en los arroyos, ríos y acuíferos, como por lo agresiva y corrosiva que
es con los vehículos. ¿Podemos seguir vertiendo toneladas de sal cada año? Hay
otras soluciones, como algunos preparados con arcilla para las calles (un amigo
me cuenta que usa la ceniza de la chimenea para la acera de su casa, porque no
quiere usar sal), pero suponen un mayor gasto a corto plazo, aunque a la larga
todo aquello que nos permita evitar un mayor deterioro del medio ambiente es un
ahorro, es decir, una inversión.
Adolfo Rodríguez Gil