Ese crecimiento no ha contribuido tampoco a que las urbanizaciones, las zonas y las calles de Los Molinos tengan suficientes parques y arbolado, dándose actuaciones tan contraproducentes y tan contrarias a la crisis climática y al concepto de vida en los entornos urbanos, como la cara construcción de la plaza del patio del antiguo colegio, un espacio solado con granito, caluroso en verano y frío en invierno. Como tampoco ha remediado muchas deficiencias de las canalizaciones y del alcantarillado, que es antiguo y poco funcional en algunas zonas y que no cuenta con una red general que separe las aguas de lluvia de las fecales, con lo que se conduce a la depuradora de El Chaparral (situada en Guadarrama) la mayoría del agua de lluvia, generando allí problemas de desbordamiento, mientras se la sustrae a los arroyos y al río Guadarrama.
A la vez en algunas zonas se mantiene todavía el sistema de fosas sépticas y pozos negros, contaminantes e impropios de un municipio con tantos valores naturales.
La expansión urbanística ha afectado también a las vías pecuarias y a los caminos públicos, que se han desatendido y descuidado hasta niveles de incumplimiento del deber de vigilancia y de la legislación.
Y en ese crecimiento, que ha redundado fundamentalmente en beneficio de una minoría, se ha conformado y alentado un modelo económico basado casi exclusivamente en los servicios y centrado en el turismo de fin de semana, veraneo, fiestas y conciertos, lo que provoca una situación de fragilidad de cara al futuro y una excesiva presión turística que afecta negativamente a la vida de la mayoría de vecinas y vecinos (sobre todo al descanso de las personas que viven en el casco urbano), lo que hace que Los Molinos sea un municipio enormemente dependiente de una actividad inestable y cuyo crecimiento tiene límites evidentes.
Mientras, sufrimos la continua desaparición de comercios y servicios, el que la dotación de los mismos sea absolutamente insuficiente para las compras y demandas cotidianas y que gran parte de los mismos tengan precios altos o muy altos para los vecinos y vecinas, lo que hace que la mayoría realicen sus compras en municipios cercanos o grandes superficies, lo que implica también una mayor movilidad en vehículos privados, mientras que las personas que carecen de vehículo (cada vez más sectores de la población, por la combinación del envejecimiento de la misma, la carestía de los vehículos y de su uso, y también por la opción de muchas personas de prescindir o limitar su uso, por razones ecológicas y funcionales) ven seriamente acotadas sus opciones de suministros y servicios.
Ese expansionismo ha alimentado y alimenta las expectativas de enriquecimiento de algunos a través de la especulación urbanística, del pelotazo, de la espera de que un Ayuntamiento u otro (en función de su cercanía familiar, política o amañada) les reclasifique sus parcelas y les otorgue, sin ningún trabajo o mérito, un estatus económico mayor y unas plusvalías soñadas, ha creado en Los Molinos una clara paralización social y económica que percibe la mayoría de la población. Este Avance, el más expansivo de los últimos, va en ese sentido y reaviva para algunos/as el sueño del enriquecimiento a través de la especulación.
Mientras tanto, Los Molinos ha ido perdiendo su carácter rural y también parte de sus atractivos paisajísticos y naturales, lo que ha contribuido también a que su economía se vuelva dependiente de un sector servicios desequilibrado, con gran peso de los bares y restaurantes, orientado prioritariamente hacia los visitantes y “veraneantes” y no hacia sus vecinas y vecinos residentes, con lo que la vida cotidiana ha perdido calidad y peso, quedando subordinada al modelo turístico.
Así hemos visto disminuir el peso de la producción (desapareciendo pequeños talleres, carpinterías, fontanería, ferretería, empresas de construcción, etc.) el peso de las explotaciones agropecuarias (con la desaparición total de la agricultura de secano, la disminución, el cerco y el acoso a los pequeños huertos familiares que todavía resisten y al huerto municipal que se creó en la Huerta del General, la práctica desaparición de los establecimientos avícolas y también de la apicultura, la práctica desaparición del ganado ovino y caprino, la desaparición de la ganadería lechera, etc.) y la disminución del número y el empobrecimiento de la variedad y la oferta en sus comercios de proximidad, con efectos negativos también en la calidad y diversidad del empleo y el empobrecimiento de la vida vecinal, sobre todo por la disminución del comercio local (desapareciendo droguería, pastelería, joyería, zapatería, tienda de ropa y decoración, papelerías, vivero, pescadería, bailes, bolera, cine, cacharrería, algún bar, etc.)
Y en estas circunstancias, a pesar de la necesidad obvia de ordenar el urbanismo como pieza clave para definir aspectos fundamentales del futuro, los sucesivos gobiernos municipales no han querido reflexionar junto con la población sobre el futuro del pueblo, y han buscado imponer su visión, sus intereses y los de sus valedores (los cada vez más decadentes caciquillos locales) aún a costa de ver rechazados sucesivamente todos sus planes o anulados por los tribunales, haciendo que predomine la cultura de la imposición y se destierre el necesario consenso en los ejes fundamentales del futuro, provocando que el pueblo siga paralizado en su vida cotidiana y ciudadana, y sin proyecto de futuro, mientras que sectores “influyentes” siguen esperando la vuelta mágica del enriquecimiento fácil a través de la especulación con el suelo.
Así, sucesivos gobiernos municipales han venido intentando poner en marcha sucesivos Planes Generales de Ordenación Urbana de carácter expansivo, desde el enormemente expansivo Plan General de 1969, que preveía una población de 20.000 habitantes (si bien contenía algunos aspectos positivos que fueron incumplidos de manera ilegal, consentida o alentada por los sucesivos Ayuntamientos, como es el derribo de varios inmuebles catalogados por sus valores patrimoniales).
Probablemente Los Molinos ostenta el récord de intentos de aprobación de PGOUs. Así desde el PGOU de 1969, todavía vigente, se han hecho ocho intentos de sacar adelante uno (incluyendo este Avance) y todos hasta ahora han sido rechazados por la Comunidad de Madrid por lo exagerado del expansionismo urbano que pretendían o por sus propuestas ilegales, o han decaído por desistimiento de los equipos de gobierno. Además la Comunidad de Madrid ha dictado dos planeamientos más, las Normas Subsidiarias de 1991, vigentes después de que el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid fueran obligados por sentencia del Tribunal Supremo, tras recurso de Ecologistas en Acción, en el año 2013, y las Normas Transitorias de 2009, declaradas ilegales por el Tribunal Supremo, a instancia de Ecologistas en Acción, en el año 2012.
En todos estos años los equipos de gobierno no han sido capaces o no han querido adaptar la normativa urbanística de Los Molinos a la Ley del Suelo de la Comunidad de Madrid que, desde 2001, así lo ordenaba.
Mientras, se han dado, intentos parciales de apoyar elementos de expansionismo urbano por parte de sucesivos gobiernos municipales, a través de Modificaciones Puntuales del planeamiento u otros instrumentos urbanísticos. Tenemos que recordar aquí la reciente sentencia del Tribunal Supremo anulando el Plan Parcial del Balcón de la Peñota, a instancias de Ecologistas en Acción, condenando a costas al Ayuntamiento, la Comunidad de Madrid y a los propietarios/as. Y más lejanos, pero también cercanos en el tiempo, la anulación por los tribunales del Plan Especial de Reforma Interior que pretendía la construcción de una plaza de toros privada, con un "centro comercial" en los terrenos de la Cerca, la anulación del proyecto de urbanización del Canto de la Pata, los intentos de construir (destruir) Los Llanos, primero por un polígono industrial-comercial y después por un proyecto de campo de fútbol privado, de un miembro del PP de Guadarrama, etc.
Pero también hemos visto anulado el proyecto del obligatorio Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos, que pretendía conservar la idiosincrasia más valiosa de este pueblo y de su colonia, y que había sido aprobado inicialmente por la Junta de Gobierno Local, pero fue echado atrás en una alianza turbia de PSOE y PP.
En todos estos procesos y luchas vecinales, se han conseguido parar los principales intentos de expansionismo urbano y de destrucción de espacios naturales y rurales, fundamentalmente la anulación de la urbanización de El Chaparral, de Los Veneros-Las Majadillas y de los prados situados al norte del casco urbano (lo que bautizaron con el nombre de Extensión Norte y que ahora es retomado en este Avance de PGOU)
En definitiva, Los Molinos ha sufrido y sufre unos gobiernos municipales que han venido apostando por intentar seguir explotando el modelo de expansión urbanística dañina y continua, centrada en las segundas residencias y en el turismo, sin reflexionar sobre sus límites, sin haber aprendido las lecciones que han dejado sus secuelas, como si el suelo no fuera un recurso finito y escaso, y como si no estuviéramos en una situación de crisis y emergencia climática y ecológica.
Así, a pesar de los resultados negativos de ese modelo de expansión urbana, a pesar de sus signos evidentes de agotamiento, en este nuevo Avance del Plan General se apuesta por redundar en la expansión urbana, exprimiendo el territorio hasta niveles inauditos y planteando la destrucción de centenares de hectáreas de suelos protegidos y vivos, para intentar sustituirlos por el ladrillo, el asfalto y el hormigón.
(Continuará...)







